La tecnología viene invadiendo todas las esferas de nuestra vida desde hace ya unos años. Del correo electrónico, o antes el propio fax e incluso el teléfono, que hace años era una verdadera revolución que requería, eso sí, de confirmación verbal para asegurar su recepción ante la incredulidad analógica de los que lo enviábamos, hemos pasado prácticamente sin resistencia a esta era del todo conectado, de la comunicación instantánea, a esta sociedad digital.

No seré yo quien cuestiones las increíbles ventajas que la tecnología aporta en el día a día de las personas. El acceso a la información es tan universal, absoluto e inmediato que “querer es saber” tal vez por primera vez en la historia de la humanidad. La aplicación de los nuevos paradigmas llega a todos los ámbitos de la ciencia, la cultura, el arte, el poder. La información es global, universal y tiene cada vez más valor. Resulta increíble como de todo hay datos publicados, datos que permiten análisis, estudios, conclusiones, mejoras…

En ese proceso, la medicina no ha estado al margen, al contrario. La historia clínica digital, algo que parecía ciencia ficción hace años, es ya real. Cualquier informe, prueba diagnóstica, está disponible instantáneamente para que un profesional sanitario pueda emitir un juicio diagnóstico. Ya es real la asistencia sanitaria “a distancia”. Muchas son las sociedades médicas que ofrecen ya un diagnóstico no presencial. En breve, mediante pulseras inteligentes y otros gadgets tecnológicos, un profesional podrá medir constantes básicas y no tan básicas de un paciente lejano. La llegada del 5G ya adelanta intervenciones quirúrgicas remotas… es abrumador, sinceramente.

Según mi opinión (seguro absurda y llena de prejuicios) el campo de la medicina es campo abonado para ello porque tal vez los profesionales de la sanidad son aptos, tecnológicamente hablando. Siempre he pensado que entre saber cómo funciona un cuerpo humano y una máquina no había mucha diferencia y creo que el colectivo sanitario tiene un perfil marcadamente tecnológico.

Esto sin duda no es un problema, al contrario, es una gran ventaja. Sin embargo, en mi afán de reflexionar sobre como este tránsito a lo digital se aborda mal o más bien como puede abordarse mejor, llevo fijándome ya bastante tiempo en ese proceso dentro de la medicina asistencial (obviamente no puedo conocer otra que la recibida). Tal vez los que hemos sido padres o madres y transcurridos aquellos años de crianza nos encontramos ahora ejerciendo de hijos e hijas de personas mayores podemos tener un mejor elemento para comparar.

Y recordaba la atención de un o una pediatra con cada uno de mis hijos e hija muy directa, muy personal. Palabras tranquilizadoras siempre mirando a la cara. Consultas en las que el tiempo del paciente (y sus acompañantes) eran casi en su totalidad dirigidos a la evaluación clínica del paciente y a informar sobre la misma. Probablemente habría historiales en papel y el cambio de “tu” pediatra o “médico/a” era un drama, pero yo recuerdo mucho tiempo efectivo de asistencia sanitaria. Y recuerdo un enfermero o enfermera en la consulta que anotaba citas, mediciones, diagnósticos….

Pero el tiempo pasa y en mi nueva etapa de acompañante de paciente, vengo chocando de forma reiterada con una realidad muy distinta y a mi juicio ineficiente y deshumanizada. En las primeras consultas pude achacarlo a la persona en sí (una doctora de asistencia primaria que no miraba a mi padre a la cara en toda la visita) pero tras un periplo por múltiples especialistas (especialmente del sector público sanitario) he concluido que es una práctica bastante consolidada.

En una sociedad en la que nos pasamos el día delante de un móvil y donde siempre nos quejamos de la pérdida de comunicación directa entre las personas, las personas encargadas de nuestra atención sanitaria tienen una carga elevada de tareas de transcripción de su valoración en aplicaciones informáticas, tarea esta que realizan delante del paciente y en el tiempo de consulta. Según mi experiencia más de 2/3 de ese tiempo lo dedican a escribir en un teclado y a mirar en un ordenador lo que escriben. Se da la paradoja de que mayoritariamente carecen de habilidades mecanográficas (lógico, ¿no?) lo que implica que esa tarea requiere múltiples revisiones y se realiza de forma muy poco eficiente.

En una sociedad en la que nos pasamos el día delante de un móvil y donde siempre nos quejamos de la pérdida de comunicación directa entre las personas, las personas encargadas de nuestra atención sanitaria tienen una carga elevada de tareas de transcripción de su valoración en aplicaciones informáticas, tarea esta que realizan delante del paciente y en el tiempo de consulta.

Todo este proceder, más allá del muro que levanta entre profesional sanitario y paciente, en un contexto de inexistencia de listas de espera, de exceso de personal sanitario, de una pirámide de población poco envejecida, tal vez tendría algún sentido en pos de documentar toda nuestra historia clínica. Pero es que la realidad del sistema sanitario (público y privado, donde la saturación ya es regla) es justo la contraria.

Un salario medio de un médico o médica no especializado puede fijarse de media en 4300€ brutos/mes, de modo que de forma estimada si 2/3 de su jornada no lo dedica a asistir al paciente sino a mecanografiar estamos tirando el dinero público y desaprovechando de forma absurda su cualificación y experiencia.

Tanto si esa tarea fuera realizada por personal auxiliar (bien en consulta o bien mediante centros de proceso de datos a los que pudiera recurrir durante al consulta el médico o médica) el coste sería mucho menor y el profesional sanitario podría atender mejor a sus pacientes y a un número mayor de ellos.

Pero como aquí estamos analizando el buen uso de la tecnología en el cambio a la Administración Digital, lo que me pregunto es si en la sociedad de los asistentes personales por doquier, la domótica, los robots, ¿no es posible que estas transcripciones la realiza una máquina? Y la respuesta es sí.

lo que me pregunto es si en la sociedad de los asistentes personales por doquier, la domótica, los robots, ¿no es posible que estas transcripciones la realiza una máquina? Y la respuesta es sí.

Desconozco si estas reflexiones ya las habrán realizado las autoridades sanitarias cuando buscan solución a los problemas actuales de degradación por falta de recursos de los servicios de asistencia sanitaria. Sé que existen asistentes personales sanitarios dirigidos al paciente pero bajo la misma lógica podrían implementarse soluciones colaborativas persona-máquina, descargando a aquella de las tareas repetitivas o de la consulta a bases de datos o informes y por qué no, en el futuro, con el desarrollo de la inteligencia artificial, colaborando en el propio diagnóstico.

Yo de momento dejo de soñar y me conformo con que acudir a un especialista sanitario  sea un tiempo de atención personal donde quien nos atienda dedique su tiempo a aquello para lo que está preparado y el paciente sea el centro de la visita, no una máquina.

Estas reflexiones las termino en mitad de la declaración del estado de alarma y sumidos en una crisis sanitaria sin precedentes donde obviamente el personal sanitario seguro que está dedicando todo su tiempo a cada paciente. Pero espero y deseo que esta situación pase y, entonces, tal vez reflexionar sobre como veníamos haciendo las cosas sirva para hacerlas mejor y estar mejor preparados para el futuro.

Profesionales de la medicina, escribanos y escribanas en la era digital.
Jesús Poderoso Godoy

Jesús Poderoso Godoy


Licenciado en derecho por la UAM y Máster en Derecho de la Contratación Pública de la UCLM. Jefe de Servicio de Contratación Electrónica y Registros (2002-hasta la actualidad) de la Administración de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Responsable autonómico de Contratación Electrónica, Jefe del Registro Oficial de Licitadores de Castilla-La Mancha y del Registro de Contratos así como responsable del Portal de Contratación y del Área de transparencia en la contratación del mismo.


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One thought on “Profesionales de la medicina, escribanos y escribanas en la era digital.

  1. Estas en lo cierto en la descripción del problema y la solución. La historia clínica es un avance.
    Descripción: El doctor ya no toma notas en un folio en que iba yuxtaponiendo pro memorias para la próxima Le bastaba con un par de líneas que sólo él podía volver a leer y dar sentido. Pero a cambio, el tiempo de ‘resumen’ era mínimo. Incluso en los segundos inter paciente. Tenía tiempo de mirar a las personas.
    Solución: la tuve de un doctor que sacaba su móvil. Y mirándome iba contándome y dictando a la vez. Supongo que cada concepto iba a su casilla. Así disponía de lo mejor. Notas explicativas y atención émpatica.

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