El procedimiento administrativo trata de velar porque la conformación de la voluntad de los diferentes órganos de la Administraciones Públicas sean eficaces y no arbitrarias. Sin embargo la burocracia ha sido denostada por una deformación y mal uso de la misma. Nuestra Ley de Procedimiento del año 1992 ya decía por entonces que «Las técnicas burocráticas formalistas, supuestamente garantistas, han caducado, por más que a algunos les parezcan inamovibles, y la Ley se abre decididamente a la tecnificación y modernización de la actuación administrativa en su vertiente de producción jurídica y a la adaptación permanente al ritmo de las innovaciones tecnológicas..» Un legislador optimista a la vista de como andamos 30 años después.
Y es que cuando va a finalizar el año 2022 seguimos preguntándonos por qué la administración pública española no es capaz de absorber los fondos europeos en general, y los denominados Next Generation en particular. Como es posible que después de haber reducido al máximo los tramites que integran un expediente administrativo sigamos prácticamente en el mismo punto de partida.
Quien haya gestionado fondos públicos sabe que mucha culpa la tiene esa doble gestión(administrativa y presupuestaria) que debe acompasarse y que en muchos casos funcionan de modo asíncrono y con una mala comunicación. No hay más que adentrarse en las Leyes de Presupuestos anuales, Leyes Generales Presupuestarias (u homónimas) , ordenes de cierre presupuestario y de ejecución, para observar el entramado complejo de autorizaciones e informes que impregnan todo nuestros movimientos de gasto.
Creo que hay unas señales que deben alertarnos que un trámite en el procedimiento administrativo o presupuestario está mal configurado o directamente es innecesario cuando concurren algunas características:
- Los informes en todos los casos son favorables. No conocemos ningún supuesto de desfavorables/ o negativas de autorización.
- No influye en el fondo ni en la forma en la decisión del órganos administrativo. No hay variaciones del acto a consecuencia del informe o son accesorias e inapreciables.
- Hay supuestos en los que NO dar esa autorización /informe ocasionaría un incumplimiento legal (¿se puede no autorizar imputar a ejercicio presupuestario corriente una factura de ejercicios anteriores y negar su tramitación tras una prestación de servicio debidamente contratado y conformado??)
- Son una forma de «enterarse» de lo que pasa por el órgano informante o autorizante: como va de ejecución una o tal cosa…qué sucede en un órgano colegiado (presencias en las mesas de contratación) pero no de un mejor acto administrativo.
Si reconocemos alguna de estas circunstancias creo que se debería realizar alguna reflexión :
- Es fundamental conocer el numero, sentido e impacto de nuestros informes/autorizaciones: cuantificar y conocer cuantos y como..¿influyen en el expediente? ¿ayudan a mejorarlo? ¿han evitado un descontrol de la ejecución del presupuesto?
- La «buena» burocracia es aquella que permite adoptar una mejor decisión, su finalidad no puede ser que el órgano informante se «entere» de algo. Quizás debe plantearse si lo que se necesita es un sistema de información adecuado que permitan adoptar decisiones con conocimiento (acto a acto no podemos obtenerlo, con una visión agregada si)
- En ocasiones no se trata de suprimir, sino de rediseñar un trámite o control: ¿tiene sentido que en cierta época del año la celebración de un contrato menor o la formalización de una prórroga de un contrato tenga que pasar por el trámite de autorización de superación de porcentajes de gasto plurianual? . Quizás no se trataba de pasar de 4 a 5 anualidades o incrementar porcentajes (como ha hecho mucha de la normativa que regula los Next Generation) sino de configurar una participación del control presupuestario más inteligente y basada en datos: una nueva inversión significativa debe centrar nuestra atención pero no cualquier expediente nada significativo que supere un porcentaje…
- La repetición nos atrae y dedicar el limitado tiempo que tenemos a efectuar tareas que requieran pensar poco será la vis atractiva a la que oponer resistencia. Estamos en un momento crucial en el que la gestión del cambio es fundamental para poder romper estas inercias.
Gestionar de forma eficiente depende en gran medida de la gestión y control presupuestario, la tecnología permite hacerlo de forma eficiente , precisa e inteligente. La clave no es recortar los plazos de emisión de ciertos informes de 10 a 5 días ,ni de suprimir controles, es hacer las cosas de forma diferente porque…todo puede mejorar!!!

